M.A.A.M : Museo de Arqueología de Alta Montaña


LOS NIÑOS DE LLULLAILLACO

Fueron ofrendados a 6.730 metros de altura, en la cumbre del legendario volcán Llullaillaco. Sus tumbas, las más altas en todo el Tawantinsuyu y posiblemente en el mundo, guardaron durante cinco siglos los secretos de un importante ritual.
Hoy, gracias a las investigaciones arqueológicas, podemos conocer más sobre la forma de vida de nuestros antepasados.

La Niña del Rayo
Esta niña tenía un poco más de seis años. Estaba sentada con las piernas flexionadas, las manos semiabiertas apoyadas sobre los muslos y su rostro en alto apuntando hacia el Oeste-Suroeste.
Luego de su entierro, en algún momento de los últimos siglos la elevada temperatura de una descarga eléctrica quemó parte de su rostro, cuello, hombros y brazos, como asimismo sus prendas y parte del ajuar que la acompañaba.
Lleva puesto un vestido o acsu de color marrón claro ajustado en la cintura por una faja multicolor. Sobre sus hombros la cubre un manto o lliclla de color marrón sostenida por un prendedor o tupu de plata colocado a la altura del pecho.
La cabeza y parte del cuerpo estaba cubierta por una gruesa manta de lana oscura, y todo el cuerpo estaba envuelto en otra manta de color claro con bordados rojos y amarillos en su perímetro.
Su cabello lacio está peinado con dos trenzas pequeñas que salen de la frente, y lleva como adorno una placa de metal. Sus ojos están cerrados y la boca semi abierta, pudiéndose observar la dentadura. Como sinónimo de belleza y jerarquía, su cráneo fue intencionalmente modificado, teniendo una forma cónica.

La Doncella
Esta joven mujer tenía unos quince años de edad. Estaba sentada con las piernas flexionadas y cruzadas, sus brazos apoyados sobre el vientre y su rostro mirando en dirección opuesta a la niña del rayo.
Tiene un vestido o acsu de color marrón claro ajustado en la cintura por una faja con dibujos geométricos que combinan colores claros y oscuros con los bordes rojos. Sobre sus hombros lleva un manto o lliclla de color gris con guardas rojas, sostenida por un prendedor o tupu de plata a la altura del tórax. En su pecho, cerca del hombro derecho, tiene un conjunto de adornos colgantes de hueso y metal.
Su largo cabello está peinado con pequeñas trenzas, como era costumbre en algunos poblados de los Andes. Los peinados y adornos en la cabeza servían para identificar a las personas cultural y geográficamente.
Su rostro fue pintado con un pigmento rojo, y arriba de la boca se observan pequeños fragmentos de hojas de coca.
Posiblemente esta joven haya sido una aclla o “virgen del Sol” educada en la “Casa de las Escogidas” o aclla huasi, un lugar privilegiado para las mujeres en el tiempo de los Incas.

El Niño

Tenía siete años de edad. Estaba sentado sobre una túnica gris con las piernas flexionadas y su rostro -en dirección al sol naciente- apoyado sobre las rodillas.
Un manto de color marrón y rojo cubría su cabeza y mitad del cuerpo.
Como todos los hombres de la elite incaica llevaba cabello corto y un adorno de plumas blancas, sostenido por una honda de lana enrollada alrededor de la cabeza.
Está vestido con una prenda de color rojo; tiene en sus pies mocasines de cuero de color claro con apliques de lana marrón; posee tobilleras de piel de animal con pelaje blanco y en su muñeca derecha lleva puesto un brazalete de plata.
Sus puños están cerrados; el rostro no es visible y sus párpados están semi cerrados. Posee una ligera deformación del cráneo que sugiere su origen noble.
Como parte de su ajuar se encontraban cuatro grupos de objetos en miniatura representando caravanas de llamas conducidas por hombres con finas vestimentas, representando esto una de las principales actividades masculinas.
Las hondas eran usadas por los hombres con fines rituales; con ellas lanzaban piedras a las lagunas después de la estación seca para atraer a las lluvias.

LA REINA DEL CERRO

Santuarios de altura incaicos
En la década de 1920 la tumba de una niña ofrendada a las divinidades incas fue violentada. Su cuerpo y numerosos objetos del ajuar sufrieron las consecuencias del tráfico ilegal de bienes culturales.
Trasladada a Buenos Aires y paulatinamente despojada de los elementos que la acompañaron, pasó por varios dueños durante ocho décadas. El conjunto se encuentra hoy alterado, este hecho sirve como lamentable ejemplo de las consecuencias que ocasiona la falta de conocimiento y el descuido para con nuestro patrimonio cultural.
Después de largos años de desamparo, la “Reina del Cerro”, como la llamaban los pobladores calchaquíes, vuelve definitivamente a la provincia de Salta.
Su presentación al público merece un tratamiento especial por tratarse de restos humanos y de objetos sagrados.

Los juguetes de los Niños del Llullaillaco

Estos tres niños incas fueron hallados en marzo de 1999, congelados en la cima del volcán Llullaillaco, a 6.700 mts. de altura. Y junto a ellos, ciento cuarenta y seis objetos que componen su ajuar, ese mundo en miniatura que los acompañó en su viaje al más allá. Por los estudios realizados se supo que vivieron hace más de 500 años, durante el apogeo del estado inca, poco antes de la llegada de los españoles.

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Una respuesta a M.A.A.M : Museo de Arqueología de Alta Montaña

  1. GABRIELA dijo:

    PUDE VISITAR EL MUSEO HACE UNOS DIAS. ES FASCINANTE. INCREIBLE. Y TAMBIEN SENTI MUCHA , MUCHISIMA PENA POR “LA REINA DEL CERRO”, ES TRISTE VER COMO FUE DESPOJADA DE SUS PERTENENCIAS Y ARRANCADA DE SU MORADA FINAL LUEGO DE HABER SIDO UNA DIVINIDAD AL MOMENTO DE SU MUERTE, QUE QUIZAS SIGNIFICO UN ENORME SACRIFICIO PARA ELLA COMO SUCEDIO CON LOS NIÑOS DE LLULLAILLACO. VERLA CON ESA TUNICA BLANCA Y SIN SUS ROPAS CEREMONIALES ME MORTIFICO EL CORAZON… POR FAVOR, SI ESTA DENTRO DE LAS POSIBILIDADES DEL MUSEO DEVOLVERLE DE ALGUNA MANERA SU DIGNIDAD, VISTANLA COMO UNA VERDADERA REINA, UNA ELEGIDA, COMO LO QUE FUE, CON ATUENDOS SIMILARES A LOS QUE MANOS IGNORANTES E INESCRUPULOSAS LE QUITARON. DEVUELVANLE EL ROL QUE LE CORRESPONDE CON SU LEGADO ANCESTRAL PARA TODA LA ETERNIDAD. QUE DIOS LA BENDIGA A ELLA Y A LOS NIÑOS DE LLULLAILLACO.

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